Nadie sabe todo lo que tiene… hasta que le toca mudarse. A lo largo de nuestra vida, especialmente durante el tiempo que vivimos con nuestros padres guardamos cada detalle insignificante: regalos, notas, boletos, recuerdos, etc. Basta con que se pueda ver y tocar para que lo queramos guardar. Luego, llega el día de independizarse, de ajustarse un poco para poder pagar la renta en un piso diminuto y cuando vamos llenando y llenando cajas pensamos «¡¿Dónde va a entrar todo esto?!» Te sorprenderás de la cantidad de trastos que has sacado de cada esquina de tu habitación y creerás que es una tarea de nunca acabar.

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¿Por qué sucede esto? La principal razón por la que acumulamos cosas es el miedo. 

Miedo a que en algún momento necesitemos algo de lo que tenemos y no lo encontremos. Nos agobiamos por problemas futuros y nos hacemos la película en la cabeza de algo que es muy probable que no pase. En serio cuántas veces has necesitado algo y te has puesto a rebuscar en tu habitación el repuesto, la piecita o lo que sea que necesitas. Por lo general nos ahorramos ese paso y vamos directo a un chino a comprar lo que nos hace falta. Por eso, aprovecha la mudanza para evaluar qué cosas que guardas «por si acaso» realmente vas a usar y son necesarias en tu piso.

El segundo miedo que enfrentamos es el miedo a olvidar el pasado. Los humanos tendemos a establecer conexiones emocionales con los objetos, porque nos recuerdan momentos, personas,  sensaciones o nos hacen pensar en el futuro, en alguna ilusión que tenemos y aún no puede ser. Por eso nos aferramos a objetos, por el miedo a dejar ir estas sensaciones y no nos importa el espacio que desperdician. Lo cierto es que no todas estas sensaciones son positivas y que también es muy gratificante poder cerrar capítulos. Tirar estos objetos nos ayuda a quemar puentes a situaciones pasadas que no necesariamente fueron tan gratificantes o que lo fueron y por la nostalgia no nos permiten avanzar hacia el futuro.

El otro miedo que tenemos, aunque más que miedo podríamos decirle vergüenza, es a tirar esos regalos que hemos recibido a lo largo de los años por nuestros cumpleaños o alguna ocasión de celebración. Los regalos de familiares que nos ven una vez al año suelen ser los peores regalos y quedan como adorno en la casa. No los tiramos por un sentimiento de culpa, de no querer sentirnos mal agradecidos por lo que nos dan pero en realidad, a nadie le importa demasiado esto. No te líes y si no te sirve, no lo guardes o dónalo, seguro hay alguien que lo necesita más que tu.

Estos miedos nos hacen guardar ropa, adornos, accesorios y miles de  trastos innecesarios. Por eso aprovecha la mudanza para empezar una nueva vida mucho más ligera, solo con lo que necesites y con más espacio para nuevos recuerdos y menos apegos materiales. Realiza una limpieza en tu habitación y de los trastos que vayas a tirar nos encargamos nosotros. Solicita online un presupuesto de recogida de trastos y no te preocupes por llevarlos al basurero, nosotros lo hacemos por ti el día y la hora que lo pidas.

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